Las trochas hacia una independencia financiera

Los venezolanos nos hemos convertido en actores de un show diferente: mientras unos caminan por la cuerda floja, aprovechan y comentan que Maduro busca el milagro económico. También están los que a punto de lanzarse de clavado en un vaso de agua, creen que el efecto de las sanciones y el temor a la Corte Penal Internacional ha motivado la aplicación de algunos correctivos en la economía. Y otros, columpiándose maravillados con lo que se siente desde las navidades, afirman eufóricos que -¡este es el año!-.

Pareciera que es un poco de todo eso, aliñado con el picante que le ponen los escépticos y los radicales que se humedecen con el borrón y cuenta nueva.

Fuente: El Pitazo

La verdad para mí, más allá de la razones o posibles desenlaces, es que los escritores de esta trama nos han obligado a adaptarnos a un nuevo status quo económico creado -y consolidado- por el chavismo, en el que no hay más opciones que coexistir para sobrevivir.

En esta volteada autoritaria de la tortilla debemos lidiar con una nueva élite organizada en grupos económicos que ofrecen empleos, abren tiendas nuevas en centros comerciales y reactivan antiguas zonas comerciales quebradas por la hiperinflación y el control a las empresas. Casos como la avenida Baralt y la avenida Casanova son muestras más o menos claras. El capital de la corrupción construye sobre los cementerios de a quienes se los llevó el socialismo del siglo XXI.

En esta misma situación, la pobreza que es mayor a 95% de la población, obliga a la mayoría a comprar productos baratos pero originarios de Irán, Turquía y China en los mercados bodegonizados. Y así, en fila india y amarrados por los tobillos, no nos queda de otra sino ser usuarios de bancos nacionales convertidos en grandes mesas de cambio, una puesta en escena macabra a la que se suma la cuota de la micro corrupción casi institucional de la administración pública sobre todo trámite -para que vea luz-, y ser parte, sin remedio, de la proliferación -casi tan violenta como la ómicron- de la informalidad.

Y para aguantar esa carrera de resistencia trabajamos de lo que sea, porque somos buenos para todo, pero escasamente profesionales.

Ilustración: Pinilla

Se trata de un momento cambiante, pero igualmente hostil del espectáculo. -¡La etapa cumbre!- diría Winston Vallenilla (padre) en el Venevisión de hace una década, al son de una nueva pieza de un Yordano di Marzo vestido de emigrante.

Entre la anomalía normalizada, lo rápido que hay que moverse para poner comida sobre la mesa y los dos o tres trabajos sin «derechos de ley» que hay que buscarse para que sea suficiente, uno no termina de ser consciente de la cantidad de maromas que hay que hacer -todos los días- para recibir dinero y pagar lo que haga falta.

Si en el trabajo te pagan en dólares, posiblemente los encargados tengan que dejar algún porcentaje por allí para poder ofrecerte el efectivo, a menos que lavarlo sea lo importante y el porcentaje de cambio no sea el problema.

Si solo pueden pagarte de forma electrónica, comenzarás a pedir cuentas prestadas de Bank of América, Wells Fargo y cualquier otro banco que te permita el acceso al legendario servicio Zelle. Si corres con un poco de suerte encontrarás a alguien que te quite solo un poquito o tal vez nada por tener tu dinerito en su cuenta.

En cambio, si no lo logras se te pondrán los mojones en guerrilla cambiando los 250 bolívares mensuales por dólares antes de que el precio de página cambie, aunque si buscas y te arriesgas, encontrarás carteras digitales como Zinli, Bancumbre, Dash, Reserve y PayPal o cuentas internacionales en la banca nacional privada como las ofrecidas por Mercantil, Banesco, Banco Nacional del Crédito y Banca Amiga que ofrecen tarjetas de «crédito» recargables con bolívares o dólares que podrían sacarte la pata del barro.

Las billeteras o wallets podrás recargarlas exclusivamente entre usuarios de la aplicación o a través de trajetahabientes de bancos americanos y las cuentas internacionales de la banca privada te pedirán para alguna apertura la certificación de ingresos hasta de tu abuela, pero si lo logras con alguna de las dos le habrás dado un parado por primera vez a la Mujer de Judas.

¿No es acaso una muestra de innovación encontrar una forma híbrida entre tarjeta de crédito y monedero que libre a la banca del terror del impago? ¿no es también una demostración de capacidades enormes de negociación por parte de la banca nacional privada al convencer a multinacionales de servicios financieros a acreditar lotes y lotes de tarjetas en un país cerente de garantías?

¡Pero ten cuidado! La innovación de la banca nacional privada no podía escapar de las creativas leyes de nuestro guionista. Ahora por el uso de las opciones internacionales y en divisas ofrecidas por nuestros empobrecidos bancos, el Estado se quedará con un porcentaje variable entre 2% y 20% por cada transacción. ¡Revisa cuáles son las operaciones que quedan exentas de este impuesto para que te pongas las pilas!

Si quieres vender dólares digitales para tener bolívares de tus billeteras, mejor hacerlo a nada de pagar lo que vayas a pagar y si son $10 -que te comprarán por debajo del índice del BCV-, vende $13 ó $14 para que luego te alcance para pagar a tasa guardaespaldas de Bs 5 ó Bs 5.5 fijada por el comerciante.

A Dios gracias que en Pago Móvil ya no hay límites de transacciones, pero siempre será mejor que compruebes tu clave cada noche antes de dormir, no vaya a ser que al momento de pagar te pida que cambies tu clave vencida, cosa que solo es posible usando una computadora.

¡La independencia financiera! tal vez ése sea el sueño de nosotros, los protagonistas abusados de este drama. Aunque los huecos de esta calle llamada Venezuela no nos permita sentarnos a pensar, necesitamos poder jugar un papel menos dependiente de terceros en esta economía de jeques tropicales y de capitales corruptos represados en el país.

Ilustración: www.cointelegraph.com

Tal vez los rumbos seguros y bien pavimentados hacia un objetivo como este parezcan escasos. Puede que no tengamos el tiempo para encontrar el quiebre de este estado de cosas para ser un poco menos la Micaela de esta novela, pero la divulgación de información y la movilización de activos digitales podría ir cambiando la trama, al menos en términos individuales.

Los venezolanos tenemos que dar un paso, solitos y de forma voluntaria, hacia una forma de entender las cosas más proclive a la innovación y menos tradicionalista. Hay que aceptar que el país fue cambiado a la fuerza, tal vez para siempre, y sí, hay que sobrevivir, pero no tienes que convertirte en un mártir para hacerlo.

Lo reconozco: es una cuestión de confianza y de limitantes tecnológicas y económicas, pero ¿por qué seguir confiando en instituciones financieras intervenidas por el Estado y perder plata buscando efectivo?

Hoy plataformas como Binance, Coinbase y Uphold proporcionan herramientas para acceder a espacios a los que el Estado, simplemente no tiene acceso. Son fáciles de descargar, puedes administrarlas desde tu teléfono, no te pedirán requisitos rebuscados para ser usuario y emplean mecanismos competentes de seguridad digital.

Sus funciones son diversas. Pero basta con que sepas que puedes cambiar de forma casi inmediata, segura y al precio dictado por el mercado tus activos a la moneda o cryptomoneda que desees. Ya todo lo demás queda de tu parte teniendo acceso a un mundo financiero en el que participan ya casi tres millones de venezolanos.

¡Casi 10% de nuestra población ha econtrado un escape financiero del autoritarismo! Aunque, seguramente pensarás que todos los participantes de ese mercado no son unas joyitas. Bueno, yo te diría que ni tan calvo ni con dos pelucas.

Tal vez ha sido un medio ideal para que los corruptos laven parte de sus capitales introduciéndolos en la economía digital directamente o invirtiendo en enormes granjas de minado de Bitcoins, no obstante, esa penosa realidad debemos asumirla.

Basta con que rompamos algunas cadenas y que hallemos una oportunidad para respirar un aire más fresco mientras sigue la novela.


David Flores

Por: David Flores

Director Ejecutivo