Del maravilloso país que fuimos al sueño de superar el desastre

Por Miguel Barone

Tengo 23 años y un hobby poco usual para la gente de mi edad: me apasiona la historia contemporánea de Venezuela. Tengo decenas de libros que buscan ilustrar una etapa de la vida de un maravilloso país que yo no viví. Además, he invertido cientos de horas observando entrevistas de grandes periodistas del pasado a actores relevantes de aquel entonces, que se encuentran en plataformas digitales. Viajar desde esta Venezuela del presente hasta la del pasado nos haría percibir muchas diferencias. Hoy las libertades a la prensa son completamente coaccionadas a través de la censura (o la autocensura). Ayer se veía a tantos políticos en programas donde los esperaba un periodista a cumplir con su labor sin temor: indagar, investigar e informar.

Mi posterior elección de ser politólogo y mi trabajo en la vida publica, evitaron de momento cumplir uno de mis sueños, que era ser periodista. Eso me ha hecho dimensionar lo que vive el gremio en Venezuela actualmente y valorar el ejercicio de la prensa libre en otros países.

Hoy en día siento una profunda admiración por una de esas grandes periodistas a las que hacia referencia anteriormente. Sofía Ímber, una venezolana que sin nacer acá, amó profundamente este país y por más de 30 años le dio los Buenos Días a Venezuela. En medio de este hobby que me hace conectarme con la Venezuela de ayer, me encontré con una de las varias entrevistas que hay de Imber a Carlos Andrés Pérez.

El país que fuimos

La entrevista data del 02 de febrero de 1990, justamente un año después de que CAP se juramenta como presidente de Venezuela por segunda ocasión. En otros encuentros, Sofía mostraba su acostumbrada intransigencia (como ella misma se catalogaba) ante un astuto Pérez que buscaba responder sus preguntas.

Algo me llamó poderosamente la atención inicialmente y se juntó todo para reafirmar lo obvio: un solo video de 60 minutos, un encuentro entre dos célebres personajes que escribieron desde sus roles la historia de Venezuela en la segunda mitad del siglo XX, bastaron para decir «que maravilloso país fuimos«.

He visto muchas entrevistas de Ímber con diversos personajes de la vida pública nacional, pero sus encuentros con CAP eran diferentes. Las libertades que enseñó el proceso de la democracia, tenía el derecho genuino a contrariar públicamente las decisiones políticas de determinados actores. Sofía usualmente tenia posiciones criticas, polémicas o desafiantes que podían incomodar a un sujeto como Pérez; pero ahí iban ellos cada cierto tiempo, a tener un nuevo encuentro para hablar de temas de actualidad.

Para ese entonces, éramos un país donde los actores políticos no le huían a la prensa o buscaban censurarles por no serles provechosos a sus intereses. Algo que lamentablemente pasó con el chavismo y Radio Caracas Televisión en 2007, por solo citar un ejemplo.

Ahí estaba Imber, una mañana de 1990, sentada en el Palacio de Miraflores en representación de un medio privado. Lista para volver a poner en la otra esquina a Carlos Andrés Pérez, ahora Presidente de la República. Empieza la entrevista Sofía con el popular ¨buenos días¨ y su acostumbrado tono irreverente. Tranquila, sabiéndose habitante de un país en democracia. Donde estando en el lugar que estaba, frente a quien estaba, ella tenia derecho a interpelar a una figura publica ante millones de venezolanos que acostumbraban ver su programa cada mañana, durante décadas.

Así lo hizo durante una hora con diversos temas de interés nacional, entre los que destacaba el estatus económico del país con las medidas tomadas un año antes, el apoyo de su partido Acción Democrática en medio de esa circunstancia y temas de política exterior. La actitud de Pérez, lejos de incomodarse y exaltarse de gran manera, fue la de responder con su habitual manera de hacerlo. Con risas de por medio y conversando, sabiendo que Ímber iba a insistir hasta obtener lo que buscaba. En una de las ultimas oportunidades que un periodista de medios privados se sentó en Miraflores a entrevistar al presidente en funciones, terminó expulsado del país. Seguramente Jorge Ramos podría ver esta entrevista y con toda la incredulidad del mundo preguntarse, «¿A dónde fue a parar esta Venezuela?«

¿En qué convirtieron nuestro país?

El chavismo ha gozado de todo a su favor para convertir en algo negativo, incluso en la opinión de muchos de los que lo adversan, todo lo ocurrido en los cuarenta años de democracia o cuando menos, hacer ver las cosas de una manera que claramente no son. Veintidós años de chavismo nos han hecho pensar que lo que para más de la mitad del planeta es ordinario, para muchos venezolanos es extraordinario… y viceversa también. Entre los comentarios veía un ¨en esta entrevista, Sofía le hizo un servicio al chavismo¨.

Más allá de la extemporaneidad, porque faltaban dos años y dos días para que el país conociera al hombre que arruinó la vida de millones de familias venezolanas, es un hecho que la inexistencia de un periodismo encarador y de investigación en Venezuela fruto de años de censura ha permitido que el venezolano vea extraño el rol del entrevistador. Sofía Ímber no estaba «haciéndole un servicio» a nadie, ¡Sofía Ímber estaba haciendo periodismo de altura!

Esas mismas percepciones negativas han llevado a millones de venezolanos a creer, por la matriz de opinión generada durante años, cosas que incluso no tuvieron la oportunidad de vivir. Al final, el tiempo le ha dado su justa dimensión a los cuarenta años de democracia. Sin duda, se cometieron errores que nos llevaron a esto, pero no se entiende lo poco que queda en pie en Venezuela sin los años de democracia.

Somos un país con una historia muy rica, pero muy transformada para ser utilizada como cada quien quiere. Los cuarenta años de democracia demostraron ser imperfectos pero muy exitosos. De ahí nacieron los famosos cuentos de los abuelos y padres acerca del maravilloso país que fuimos. Creció un país de la mano de su gente e independientemente de las posturas ideológicas, se gestó una Venezuela democrática. Esta iba más allá del ejercicio del voto, era una Venezuela en el que el civismo, el respeto y las libertades existían plenamente.

De ese país nos quedan infraestructuras y un legado cultural que lucha por no desaparecer. Un joven como yo, nacido en 1998, se conecta con el país que fuimos de formas muy limitadas. Lo hago comprando libros de segunda mano e investigando a través de archivos que se consiguen por internet. Uno espera que los medios cuiden celosamente sus archivos, porque forman parte del acervo histórico y cultural de Venezuela. Ojalá se animen y le muestren al país de forma continua lo que fuimos. Que no se pierda esa Venezuela en el discurso del chavismo que quiere hacer creer que nuestra historia empezó y terminará con ellos… y me temo que para muchos jóvenes venezolanos que solo han vivido esto, ya lo es.

¿Cómo logro el país que sueño?

Siento que el deber de generaciones pasadas, quienes vivieron así sea algo de esa Venezuela, es la de luchar para mantener vivo lo que pasó. Luchar para que no mueran entre generaciones los actores y las acciones que hicieron a este país grande alguna vez. Mostrarle a las nuevas generaciones que estadistas como Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Jovito Villalba y Raúl Leoni fueron constructores de democracia y de país. Enseñarles que existió un modelo de educación exitoso que le ha dado a millones de venezolanos un crecimiento fuera del país producto de su buena formación. Comentarles que las vías por las que transitan las construyó la democracia.

Decirles, ante su incredulidad, que era posible trabajar y que el sueldo alcanzara para llevar algo más que unos artículos de comida al hogar. Comentarle a las nuevas generaciones de periodistas lo que significaron grandes venezolanos como Sofía Ímber, Carlos Rangel, Renny Ottolina y Oscar Yanes. Sí, existió una Venezuela en la que durante cuarenta años hubo una transmisión pacífica del poder entre partidos políticos; en la que el debate publico estaba permitido y era incentivado por el propio sistema político, entre tantas otras cosas. Hay que enseñarle a las nuevas generaciones que los cuarenta años de la democracia, fueron los años más brillantes de nuestra historia.

Para mi generación y las que vienen detrás solo puede existir un deber: construir desde las ruinas, emerger desde las cenizas de lo que algún día fuimos. No tuvimos la dicha de vivirlo, pero podemos crear una oportunidad de hacerlo mejor. A eso me refiero con soñar en superar el desastre que somos hoy. Generar un sistema político estable que tenga en la democracia y la libertad sus pilares, que alcance sus objetivos y no perezca en el intento.

Tengamos el ímpetu de darle vida a una Venezuela que hoy es gris. Los cuarenta años de democracia fueron el experimento que mejor ha parido el laboratorio llamado Venezuela. Sin embargo, soy de los que piensa que no hemos alcanzado nunca nuestro verdadero potencial. Dicen que de las grandes crisis, nacen las verdaderas oportunidades y por ende, los grandes éxitos. Nos creo en la capacidad de soñar en grande, de construir en grande.

Reivindiquemos la democracia y todo lo que avanzamos con el pleno respeto a las libertades. Seamos tan grandes como podemos ser y nunca hemos sido, llevando como bandera todo lo que alguna vez permitió a Renny Ottolina decir:

¨¡Creo firme y ciegamente qué Venezuela nació para ser LIDER!¨

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