Un país en subasta

David Flores

Por: David Flores

Coordinador Nacional

Caracas, 31 de agosto de 2020. En Venezuela todo tiene un ritmo diferente. La necesidad corre a zancadas como la ambición de poder, mientras que los sueños sencillos están en la banca, esperando a entrar como sustitutos en un juego que ha durado tanto que casi nadie quiere verlo ya.

Eso parece hoy el sistema político venezolano: una especie de partida en la que uno de los dos equipos ha atacado tanto y tan eficientemente, que el otro ya se encuentra desgastado y sin opciones para defenderse, sin recursos para todos sus jugadores (los que quedan), desmoralizado, disgregado por el mundo y perseguido dentro de su propia casa.

En ese jaque con pinta de mate se encuentra la oposición venezolana, que en veinte años se ha atrevido a emprender contados contraataques políticos a la oficialidad, hoy fáctica, de los que no ha logrado generar posteriormente condiciones favorables para una democratización en Venezuela.

Y del perfeccionamiento del autoritarismo de Maduro se habla todos los días, pero de otras cosas no. Cada nuevo liderazgo opositor forjado arrastra consigo la vena caliente Caribe de no reconocer sus errores.

Cientos de organizaciones de la sociedad civil nos abocamos a documentar y denunciar los patrones de violaciones a los derechos humanos que a diario se cometen en nuestro país, así como las organizaciones políticas que todavía son autónomas denuncian el ejercicio autoritario del poder por medios propios y los pocos que todavía abren ventanas a la libre expresión y al libre pensamiento. Los vestigios de la vieja experiencia democrática venezolana desaparecen con los exilios, la desesperanza y la cárcel. Es un hecho comprobado, una verdad que el venezolano reconoce.

Pero dentro de esa claridad parida con dolores por la doxa y la episteme que nos permite saber a lo que nos enfrentamos, ¿qué podemos decir de la oposición y su empeño por representarnos?

Dicen que donde hubo fuego cenizas quedan, pero de La Unidad no quedó ni el manchón negro en el fogón. Al margen de las negociaciones particulares con el régimen o las anteriores compra-ventas de voluntades de Parra, Bernabé Gutiérrez y compañía, la última propuesta unitaria del presidente encargado demostró el mal estado de las relaciones de su administración con otros actores políticos dentro del país, incluso con mayor fuerza que su intención de articular una nueva acción cooperativa.

De forma inmediata a la publicación del video en sus redes sociales, los círculos más allegados a Guaidó manifestaron apoyos pese al escaso desarrollo de la iniciativa, construyendo una apariencia de legitimidad en el intento de alimentar una llama apaciguada por la cuarentena.

Sin embargo, el chispazo del anuncio encendió un camino de pólvora en la dirección equivocada, pues con el pronunciamiento de Capriles y el fracaso de las conversaciones entre la presidencia encargada y María Corina Machado, ha explotado finalmente la pugna, hasta ahora teórica, por la transición hacia la democracia en Venezuela.

Un joven de 26 años con escasa experiencia política nacional no tiene que explicarle a ningún actor con trayectoria, diputado, dirigente o presidente, que antes de convocar cualquier acción se conversa con las partes que se pretenden sumar, para escuchar, corregir, modificar y convencer a los que tengan dudas. No obstante, en el norte del sur americano, las cosas se hacen a los trancazos, pues lo importante es llevar la delantera y pisar con fuerza, no aprender a caminar.

Pero ese mismo joven, que se descarta como elector en las próximas elecciones y con más suerte que muchos otros que murieron dando pasos esperanzados en la calle -pensando, tal vez, que fraguarían una democracia-, piensa que, aunque una agenda repetida no genera avances sino cansancio (y gasto de plata) y que existen deudas políticas de larga data con la gente, los objetivos que no son factibles son sólo sueños. Como dicen por ahí, las ganas no preñan, ni las de votar traerán democracia ni Estados Unidos tocará la puerta de Miraflores.

Lejos de toda ceguera partidista, de la egolatría intelectual y del miedo a perder los derechos de autor de algún nuevo o viejo plan, temo lo que acompañe a las negociaciones de Capriles además de los “indultos», lamento el uso de los presos políticos como barajitas repetidas que se cambian por otras que no se tienen, y con mayor pesar, que no hubiese acuerdo entre el presidente Guaidó y María Corina. Creo que muchos lo vemos necesario.

Hoy en Venezuela no existe la capacidad de construir consensos en torno a una agenda unitaria por parte de los actores que han decidido desconocer el proceso electoral del próximo diciembre. Y esa falta de voluntad le da un fresquito al tirano, todavía más grande que la llegada del Coronavirus en marzo, pues le permite un control pleno del conflicto a nivel interno, negociando con Raquel y todo aquél que pueda darle un poquito de mayor participación a los comicios navideños.

La verdad, o al menos la mía y sin ánimos de imponerla, es que ni la consulta que se deja entrever para diciembre de forma paralela a las súper elecciones parlamentarias ni la Operación de Paz y Estabilización son posibles (por ineficientes) sin que antes se establezcan pautas mínimas de cooperación entre los actores.

La triste realidad de los partidos políticos en Venezuela puede verse no solo en las juntas ad hoc diseñadas para intervenirlos o en la persecución e inhabilitación de sus principales dirigentes; esta también se refleja en la desmovilización de sus militantes o afiliados a lo largo y ancho del país que buscan el sustento o un nuevo santo al que rezarle.

La política del siglo XXI en Venezuela, la de las balas y el consentimiento a los malandros, ha dado paso a un proceso confuso en el que los venezolanos que quieran quedarse deben blindar sus valores y su decencia ante las ofertas engañosas para poder sobrevivir al esclarecimiento de las cosas y al surgimiento de nuevos actores más dispuestos al trabajo cooperativo.

Las mañanas trasnochadas, las operaciones quirúrgicas y el ruido de sables ya son cuentos de camino que acompañan al solitario Silbón por los llanos destrozados. Las ficciones y el ego arrasaron con lo que fue posible por el hambre negada de gobernar y el saco lleno de frustraciones. Hoy hace falta madurez para admitir que una vez más hemos fracasado.

Es necesario reinventar todo o Maduro y todo el mundo comunista seguirán marcando la pauta de esta temible transición que ya se siente en algunos ámbitos, favorable tan sólo para los que corran más duro o tengan los dientes más afilados.


3 Comments

  • Muy bueno tu escrito, tú q has estado tan inmerso en la política, tienes tus razones para decir lo q dices. Comparto algunas d tus reflexiones, pero… sigo creyendo en q pronto, más temprano q tarde, tendremos esa libertad x la q tanto hemos luchado. Y lo vas a ver, ya verás 🤗🙏

  • ‌Apreciado David. En manos de ustedes queda mi amada Venezuela. Ya entré en los 78 años de edad y mi vida restante se acorta. Me tocó ser testigo de estos años vergonzosos de nuestra Historia. Espero tener la fortuna del resurgir de Venezuela en manos de ustedes, juventud aguerrida que se ha mantenido firme en sus principios, con valores éticos. Tú artículo me llena de esperanza y reafirma la confianza de la obtención de la Nueva Independencia de nuestra nación. El camino les será muy largo, tortuoso largo, tortuoso, lleno de escollos que sortearán sabiamente. Unión, análisis lógicos, decisiones sabías, sinceridad, coraje y prudencia. Cuando sientan decaer sus ánimos, flaquear sus espíritus, recuerden que Venezuela es la madre de todos, hay que velar por ella o se quedarán cual hijos huérfanos. Nereida 🇻🇪

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