Educación en penumbra

Por: Jhosgreisy Hernández.
Foto: Clara Guedez.

En la universidad no se hallan solamente pupitres, sillas, pizarrones y grandes edificaciones; se encuentra también el sueño y la esperanza de miles de personas que se esfuerzan por impartir o recibir educación de calidad.

Muchos recuerdan todavía la primera vez que pisaron el campus de lo que sería su segundo hogar, ese sentimiento de crecimiento y compromiso que nunca deben morir pero que en varios casos se encuentran ensombrecidos por un largo historial de constante ataque, recortes presupuestarios, robos y destrucción. El dirigente estudiantil de la Universidad Central de Venezuela (UCV) Jesús Mendoza Morales, denunció que para el 14 de mayo de este año se contabilizaban más de 50 robos en las instituciones de enseñanza superior del país.

Incendios en la Universidad de Oriente (UDO), la caída de los pasillos cubiertos de la UCV, hurtos y la falta de profesores son algunos de los problemas que se suman a la larga lista de inconvenientes a vencer por parte de todos los que siguen apostando por la academia; trabajo que no es sencillo porque tanto los alumnos como los educadores, obreros y personal administrativo se encuentran luchando en un mar de adversidades en el cual también se tropiezan con becas de chiste y sueldos insuficientes.
Debido a la pandemia, el aprendizaje en todos los niveles se tiene que hacer con el apoyo de herramientas tecnológicas pero eso es casi imposible en un país donde únicamente el 34% de los ciudadanos confirmó tener acceso al servicio de internet fijo en el hogar, según datos obtenidos por el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos.

Cada vez la situación se hace más difícil y aquella idealización de una vida de aprendizajes soñados se ha apartado para darle paso a una lucha que busca mantener de pie un espacio en común para las generaciones siguientes. Actualmente, los niños, niñas y adolescentes son la cara de la deserción escolar y esto por razones que van desde no poder adquirir útiles escolares hasta el tener que trabajar para colaborar con el hogar, responsabilidades de las cuales tampoco escapan los universitarios o estudiantes de postgrado y especializaciones.

Hoy más que nunca el miedo y la incertidumbre reinan en la mente de millones de personas que en algún momento sintieron que todo lo podían, esas áreas repletas de vida y risas ahora mismo se encuentran vacías y quienes gozaban de desarrollarse en la grandeza de las casas de estudio hoy batallan por hacer valer el derecho a la educación que se encuentra reflejado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Constitución del país. Es por el avance, los recuerdos y por todo lo que significan las universidades del país que nadie puede dejar de formarse, mantener la pasión, conservar la esperanza y luchar por defender la autonomía, lo cual es el compromiso de todo buen discípulo que entiende el valor de educar la mente y el espíritu.


Deja un comentario

Your email address will not be published.Required fields are marked *